martes, 17 de mayo de 2016

6. ARTÍCULO “EL ESTADO Y LA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD: PAPEL DE LA ESCUELA”

Al concluir la fase caliente de la Revolución, el país inicia la reconstrucción nacional bajo las premisas de una nueva Ley Suprema.  La integración nacional, la forma organizativa de una economía con bases modernas, el desarrollo de un mercado interno; que sitúa a la industria como razón y centro del proceso de modernización del país, o el establecimiento de un verdadero ejercicio de la libertad y de la democracia, no tienen sentido, ni son suficientes sin la consecuente instauración de un sistema educativo nacional y popular. Eso explica la decisión del gobierno obregonista, formular un proyecto de educación pública, nacional y popular y bajo la rectoría del Estado.

Forzoso era generar una nueva ideología que contribuyese a integrar una nueva nación como también dar cuerpo a una concepción de identidad nacional. En otras palabras, hacer posible una educación cuyas premisas fueran: emancipación, liberación y capacitación para el trabajo moderno.

El Estado surge como fruto de un proyecto colectivo, además de asegurar la legitimidad del gobierno y garantizar la integración social de la población, también comienza a promover la identidad, el sentido de pertenencia y de destino común. La educación será para el estado el proceso para poder crear y difundir un lazo nacionalista, creando una ideología colectiva entre los ciudadanos y su país.

La  identidad nacional es un sentimiento colectivo basado en la creencia de pertenecer a una comunidad imaginada como nación, quienes la integran, comparten un vínculo emocional, que los hace pensar y compartir una misma historia, los atributos reales o inventados que comparten los integrantes de la nación son importantes en ese sentimiento colectivo de pertenencia y de continuidad, aunque muchas veces dichos atributos son estereotipos creados con la selección de rasgos distintivos de una identidad nacional fluida y cambiante, cuyo origen está en la modernidad. 

La escuela como una institución co-responsable del sostenimiento de la estructura social, en tanto allí se produce un variado sistema de relaciones, de prácticas, discursos y saberes, sugerentes de sentidos que, analizados y reinterpretados, median las relaciones entre las personas y entre éstas y sus ideologías, sus normativas, sus principios y sus valores.

La escuela será así el espacio del intercambio, de la confrontación continua entre lo que se enseña y lo que se aprende, de la construcción conjunta de prácticas culturales del reconocimiento de las subjetividades; será el escenario en donde la responsabilidad educativa se transfigure en un acto, en una práctica, en un modo particular de leer las necesidades de la comunidad educativa; será el ambiente natural de la interacción y de la constitución de sentidos culturales, sociales y pedagógicos que convoquen a los sujetos a vivir bajo el presupuesto de la dignidad humana, el respeto a la diferencia y la justicia social.

La escuela no sólo socializa y educa para la vinculación de los sujetos a las redes de sentidos sociales, sino que, al mismo tiempo, los ayuda a implicarse en la construcción de nuevos patrones culturales mediante los cuales movilizar sus prácticas de relación, sus sentidos valorativos, sus sentires y formas de pensar.
La construcción de identidad está referenciada en un proceso de toma de conciencia del sí mismo y del mundo externo, que convoca y enmarca dicha comprensión en la que el sujeto toma conciencia de sí y, por tanto, tiene actitudes que le permiten confrontar su espacio vital y reorientarlo hacia el entendimiento.

En la construcción de identidad los sujetos logran elaborar los significados de existencia que han movilizado su historia y han mediado su accionar hacia la configuración de una forma particular de habitar, sentir, vivir y pensar el mundo de la vida. Así mismo, en la construcción de la identidad el individuo configura formas legítimas de convivir y organizar el mundo vital para reestablecerlo, si así lo quiere, como un espacio de calidad de vida, un espacio vital de la relación y continua interacción, un espacio para vivir la diferencia y el reconocimiento. 

Echavarría Grajales,  C. (2003). Documento. La escuela un escenario de formación y socialización para la construcción de identidad moral , en: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, Julio – Diciembre, Vol. 1, No 002, Universidad de Manizales, Colombia 2003.
 


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